En el Centro encuentras ni Nombre ni Forma

En el centro encuentras

ni forma ni nombre .

De lo eternamente incomprensible se desarrolla todo lo que es.

El sueño de la realidad.

UNA VEZ soñé que era un extraterrestre. Yo existía en un planeta de otra dimensión. Mis pensamientos eran libres, me sentía en todos los aspectos el creador de mi propio mundo y todo mi ser estaba inva dido de fuerza divina. Ni siquiera presentía la existencia de leyes terre nales. Al despertar, estuve completamente seguro de ser de nuevo yo mis mo. Sin embargo, ahora no sé si antes fui un hombre que soñaba ser un extraterrestre o si soy un extraterrestre que sueña ser un hombre.

¿ DE DONDE DEDUCES que lo que tú crees es realmente lo verdade ro?

Cuando Colón viajó en 1492 hacia el oeste en una carabela, la mayoría de los hombres de su tíempo creían que la Tierra era plana. Cuando Galileo Galilei expuso su teoría de que la Tierra no era el cen tro del universo, fue proscríto por ello y la gente se rió de tal declaración.

La idea de una Tierra plana nos parece hoy en día tan absurda como el pensar que ésta sea el centro del universo; o de que hubiera sido es culpida por una serpiente, como señalaban otras culturas. Como hom bres modernos que somos, con los «ojos muy abiertos», creemos firme mente en la teoría del Bíg Bang; esto es, en la gran explosión que dio origen al universo.

Cada civilización, cada ser humano, lleva dentro de sí la inamovi ble convicción de que la verdad es como él la vive y la explica.

Pero si nuestro punto de vista es la verdad, ¿cómo puede ser posible que haya tantas verdades diferentes que coexistan y que puedan ser vividas al mismo tiempo sin problemas?.

No obstante, parece que al mundo le es totalmente indiferente lo que creamos de él, puesto que funciona según sus propias leyes. Seguramen te, nuestros antepasados de la Edad de Piedra se explicaban el origen del mundo, y la razón de su existencia, de forma diferente a como lo hace, por ejemplo, un adolescente americano moderno de clase media. La vida en la época de Buda y el variopinto panteón de deidades de la India tienen poco o nada en común con el modelo de creencias de un puritano ortodoxo. Sin embargo, cada religión encuentra exactamente las señales y las expli caciones adecuadas para señalar como verdadero su modelo universal.

Quien ha tenido alguna vez el placer de estar sometido durante mucho tiempo a los por qué de un niño, sabe lo deprisa que podemos adentramos en los ámbitos meramente especulativos.

Es relativamente fácil explicar la razón por la que la hierba es ver de, y las personas con formación biológica pueden explicar por qué la clorofila actúa de la manera en que lo hace. Sin embargo, es más difi cil explicar la razón por la que a la hierba se le llama «hierba».

A partir de cierto punto, cada explicación que damos y cada pala bra que decimos están en suspense y tenemos que conformamos con especulaciones o suposiciones filosóficas, científicas o religiosas.

Al comienzo de nuestras vidas, las cosas, los sentimientos y las per sonas todavía no llevan nombres. Las diferencias más importantes las dividimos en dos categorías; esto es, en agradables y en desagradables. Sólo con el paso del tiempo nos integramos en el mundo de los signi ficados. Aprendemos a darle un nombre a las personas y a las cosas, así como a cargar los sentimientos de significado. La forma de juzgarlos y de valorarlos proviene generalmente de nuestras familias y de nuestro entorno. Nuestras experiencias particulares, las convicciones que de ellas se derivan dan a todo nuestra medida personal.

En el mismo momento en el que abandonamos costumbres arrai gadas de pensamiento, en el que dejamos atrás un saber aparentemen te irrefutable y analizamos a fondo nuestra fe, se abren ante nosotros mundos nuevos. Al igual que en nuestra infancia, volvemos a descu brir las cosas y su significado por primera vez.

En ningún lugar del cielo centellea un letrero con leyes divinas que nos indique cómo tenemos que ver einterpretar el mundo.

Que un gato negro cruzando desde la izquierda traiga mala suer te, o no, depende de si me lo creo o no me lo creo. Y, naturalmente, también de si yo soy un ratón o no.

Podrias interpretar el gato que se te cruza por la izquierda de otra forma: podria ser, por ejemplo, un símbolo de que inmediatamente ten drás una intuición importante. O de que pronto tendrás un hambre atroz. Como en el mágico mundo que envuelve nuestra niñez, le damos im portancia a palabras, sensaciones y experiencias que después creemos reales. Pero igualmente las podriamos haber nombrado y valorado de otra forma, como nos hubiera convenido o nos hubiera sido de más utilidad.

Con un divertido juego de preguntas y respuestas se puede hacer tambalear las bases sobre las que están cimentadas nuestras verdades y convicciones, aparentemente tan sólidas. Elige una de tus conviccio nes más firmes y analízala a fondo. Una de éstas podría ser, por ejem plo, «soy un fracasado», o también «siempre tengo que trabajar muy duro para ganar dinero». Puede que tengas la firme creencia de que eres idiota, demasiado alto, gordo o poco atractivo.

Selecciona, pues, una de las muchas convicciones que tienes y pre gúntate cómo sabes que esta creencia es la «verdad».

Tal monólogo o juego de preguntas y respuestas entre amigos po dría desarrollarse de la siguiente manera:

«Soy un fracasado (demasiado gordo o ínfelíz)»,

«¿Cómo sabes que eres un fracasado)”.

«Bueno, es que me siento como tal».

«De acuerdo; pero ¿por qué estás tan seguro de que “sentirse como tal” (demasiado gordo o infeliz) significa ser un fracasado?».

«Yo siempre lo he experimentado así».

«Sí, ¿pero cómo supiste en aquel entonces, la primera vez, que lo que sentías significaba exactamente eso y no otra cosa?»,

«Lo supuse».

«¿Y cómo sabías que ese pensamiento era exactamente el acertado en esa situación) Podrías haber supuesto algo totalmente diferente». «Sí, podría haberlo hecho; pero todos los demás lo vieron también del mismo modo».

«¿Y cómo saben los demás que significa exactamente esto y no otra cosa?». «Es que en nuestra sociedad se suele interpretar únicamente de este modo».

«¿Pero cómo pueden saber las personas de una comunidad que sig nifica realmente eso y no otra cosa?».

«[Hombre, qué pregunta me haces! Pues porque en un determina do momento se estableció así».

«Bien. Esto sólo significa que se ha valorado cierto comportamien to, cierto ideal de belleza o cierto acontecimiento con un “correcto” o “incorrecto”, “deseable” o “indeseable”, pero que también se habría po dido valorar de otra manera. Por ejemplo, que fracasar en esta o aque lla circunstancia significase solamente que quedan todavía muchas ta reas interesantes por aprender y por atender. Podría entenderse que un cuerpo “entrado en carnes” fuera deseable por ser indicio de prosperi dad y de un carácter alegre y equilibrado».

«Bueno, puede ser que así sea en otros países y en otras culturas». «Exactamente. Por tanto, ¿por cuál de estos puntos de vista te inclinas?».

ESTE JUEGO LO PUEDES practicar a cualquier hora, en solitario o en compañía, con innumerables variaciones, con las creencias que ten gas y con mucho humor lingüístico. En el transcurso del juego te to parás probablemente con muchos «sí, pero … »; no obstante, sigue pre guntándote en qué se basan todos estos «pero». Porque al final llegaremos inevitablemente a los principios incomprensibles del ser, alli donde no existen ni formas ni nombres.

Nuestras creencias nos sirven para establecer orden y estructura dentro de una increíble variedad de posibilidades; nos ayudan a vivir en una comunidad, a llegar a entendemos y a realizar intercambios en tre nosotros. Pero todas nuestras religiones, convicciones y opiniones son al fin y al cabo arbitrarias y dependen de las tendencias culturales y de la opinión predominante de la época.

Pero como cada convicción y cada creencia son tan sólo buenas en la medida en que nos son de utilidad, deberiamos revisar minuciosa mente nuestras convicciones culturales y personales para modificarlas donde sea necesario.

El gran dibujo no tiene forma. Tan sólo nuestros pensamientos, nuestras percepciones y nuestras sensaciones crean nues tro concepto personal del mundo sobre la gran pantalla del universo. y éste no nos marca las reglas del tapiz a dibujar.

Aviso: por muy cautivador que pueda resultar un análisis exhaus tivo de las convicciones y dogmas, cuando llegamos a comprender que nuestras creencias sobre el mundo y sobre nosotros mismos son más arbitrarias que reales, no todos reaccionamos de la misma manera: unos se sentirán eufóricos, mientras que otros se enfadarán al ver tamba­learse sus principios. Las convicciones, los valores y las evaluaciones nos proporcionan seguridad en medio de un universo caprichoso, por lo que cuando se cuestiona nuestra fe nos movemos sobre arenas movedizas.

Marlies y Klaus Holitzka

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: