Somos lo que creamos

Cada ser humano llega al planeta tierra siendo

parte de la existencia, expresión y extensión de

vida. Nacemos siendo uno con la vida, en estado

original de salud, armonía, confianza y fe.

En este estado de dicha interior reconocemos el

ser único que somos, nos comunicamos con nuestra alma y con la vida, viviendo de acuerdo con lo

“escrito para nuestro camino”.

Si bien los humanos nacemos con esta capacidad

de estar en comunión con la vida, en un momento decidimos aislarnos de ella, empezamos a sentir que estamos separados y nos relacionamos con

la vida luchando contra ella, perdemos confianza y

fe. Es entonces cuando vemos los sucesos y experiencias que tenemos de un modo condicionado por

nuestra mente y emociones. Nos creemos víctimas

de, en lugar de creadores.

En este punto del camino, desaparece la armonía

y damos lugar a desequilibrios en el cuerpo físico,

mental y/o emocional. Etimológicamente enfermedad significa falta de seguridad, pero añadiría

algo más, es un hermoso maestro, un tiempo de

oportunidad, de reencuentro para llegar de nuevo a

nuestra fuente inagotable de amor, conexión divina

y preguntarse ¿quién soy yo?

Nada sucede por que sí, siempre hay un motivo.

Podemos parar un segundo y respirar, sentirnos…

entender qué fue lo que nos llevó a ese estado.

Seguramente fue un pensamiento o una emoción

que ahora nos esta dando un valioso mensaje.

Al ser humano la vida nunca le deja de dar mensajes, siempre con la intención de seguir avanzando. Así, un desequilibrio no es más que una de las

asignaturas en la maravillosa escuela de la vida. El

cuerpo lo que quiere es llamar nuestra atención y

hacernos despertar, nos ofrece un mensaje escrito

en forma de síntoma.

La enfermedad nos dice que nos hemos alejado

del camino o que nuestra comunicación con la vida

no está sucediendo de un modo consciente. Para

encontrar de nuevo a nuestro verdadero ser tenemos que lidiar con esa parte de nosotros que necesita ser sanada a través de la comprensión, el amor

y el perdón.

Ahí empieza el gran viaje hacia la creatividad y

el florecimiento. Abrazando lo que hay, también

nuestra parte más oscura, transformándola en autoconocimiento en lugar de hacer de ella una guerra personal con nosotros mismos.

El alma es nuestra guía pero nuestros síntomas,

aquello de lo que creemos padecer, son sus mensajeros. En realidad, si lo piensas con claridad, ¿no es

cierto que aquella semana en la que tuviste una gripe estabas con mucha actividad y necesitabas estar

en la cama descansando? En ese momento, la vida

te estaba proporcionando el mejor escenario para

que pasase lo necesario para aprender. Lo mismo

sucede con otros trastornos y en patologías tan temidas como el cáncer que no es más que la necesidad de sanar un trauma anclado en las células.

El primer bálsamo que necesita el alma es la interiorización, lugar donde nuestra fuerza interior

autosanadora resurge.

Herramientas como la meditación nos ayudan a

ello, así como las terapias naturales que nos permiten llegar al origen de la enfermedad. Actúan en

cuerpo físico, emocional y mental.

Como siempre la práctica de yoga, las asanas, las

kriyas y los mantras nos llevan a la unión con lo

divino.

Cuando completamos el proceso de curación somos seres más íntegros y con mayor conciencia. No

olvidemos, todo al final es cuestión de elección, si

queremos estar sanos o enfermos somos nosotros

mismos quienes lo creamos.


					
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One Response to Somos lo que creamos

  1. sat7 dice:

    Escuchalo simplemente (sin ver las imágenes)

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